MINDFULNESS Y MEDITACIÓN

MEDITAR EN EL SIGLO XXI

meditar en el siglo xxi

Meditar es un camino hacia el despertar en nuestra propia naturaleza esencial, idéntica en todos, convirtiéndonos en océano, el cual no distingue diferencias. No hay una parte del océano que diga –oh, yo soy una parte mejor que la tuya.

Ahora bien, esto que acabo de decir, es el final del recorrido, es cuando el río (nosotros) llega al mar (océano que todos somos).

Mientras no lleguemos a ese mar, estamos recorriendo un camino que llamamos vida. Es un camino de manifestación física que podemos percibir con nuestros sentidos; lleno de  proyecciones y manifestaciones  a través de nuestra mente, palabra, cuerpo y acciones. Esta proyección y manifestación es propia, pero a la vez está interrelacionada con los demás y con las diversas culturas y creencias. Es decir, no solo depende de nosotros, como si fuéramos seres separados.

Podríamos decir, que la vida de cada uno, es una semilla que se despliega desde nuestra naturaleza esencial. El campo seria nuestra naturaleza esencial y la semilla la propia personalidad que se manifiesta en ese campo.

He hablado del fin de la meditación. No obstante, nosotros transitamos el camino, y es ahí donde tenemos que poner toda nuestra atención.  En la semilla que llevamos en nuestro interior, deseosa de ir desplegándose  y manifestándose.

Todos estamos llamados a desarrollar nuestro potencial, es decir, que la semilla cumpla lo que ha sido llamada a ser, como la rosa que crece y se abre a la luz desplegando su aroma y belleza única.

Aunque en esencia somos iguales, en el desarrollo de nuestro potencial como semillas somos únicos. La tierra, nuestro planeta, no es un campo de semillas llamadas a ser robles únicamente, en ella hay todo tipo de árboles, cada uno con sus particularidades que los hace únicos. Incluso dentro de un campo de robles, cada roble es diferente, no hay uno igual a otro.

La belleza y misterio de la vida reside en estos dos aspectos que nos integran: el campo que somos todos (iguales) y el árbol que se manifiesta (diferentes).

Como semillas somos únicos, diferentes, y todos tenemos ese deseo innato de expresar nuestra unicidad, impreso en nuestros genes. Pero aquí, tenemos que pararnos a hacernos un par de preguntas:

  • ¿Puede el arbolito que crece desarrollarse plenamente sin ese contacto con la tierra, con las raíces, con los nutrientes, la lluvia, la naturaleza que le envuelve, la suave brisa que le acaricia, e incluso los vendavales que le fortalecen? ¿Puede el árbol desarrollar todos sus potenciales sin entregar sus dones  en forma de frutos, oxígeno, cobijo, fuego para calentarnos, madera para construir nuestras casas…?

 

  • ¿Qué está pasando con tantas personas?, que adolecen, enferman, se marchitan, agonizan… que sus sueños, aquellos llamados a ser, mueren… que se pierden mientras “tiran por la vida” como pueden, en entretenimientos que nos les proporcionan más que un vacío mayor.

 

No puede ser de otra forma, cuando nos hemos desconectado de nuestro propósito de vida, y de ese “campo”;  único lugar desde el que puede germinar nuestra semilla.

Meditar se convierte en la forma de vida por excelencia (o hacia la excelencia) del siglo XXI. Convertirnos en seres únicos, manifestando los dones de cada uno, conectados a la fuente, ese campo que nos une y nutre, es la única forma de cambiar este mundo egoísta, desconectado del único fin de la vida, que es caminar hacia el amor que somos, y manifestarlo en cooperación, respetando nuestras diferencias: enriquecedoras, asombrosas, sorprendentes, creadoras… creadoras de nuevas posibilidades y realidades increíbles por experimentar.

Meditar también se convertirá en la terapia por excelencia del siglo XXI (aunque va más allá de técnicas o terapias) para enseñarnos a vivir confiando dentro la incertidumbre, aceptando que la vida es cambio, viviendo plenamente cada momento de la experiencia, abiertos a sus potenciales, a las lecciones que la vida nos trae, a bailar esta danza de emociones diversas con equilibrio, flexibilidad,  ecuanimidad, apertura y mayor sabiduría.

Incluso hasta, como digo en muchas ocasiones… “si hay que morir, se muere”… Haremos lo posible por cuidarnos, pero  a todos nos llegará el momento de partir. Si somos meditadores, muy probablemente sabremos que ha llegado ese momento, y también muy probablemente lo permitamos sin resistencia, fundiéndonos en esa rendición triunfante en el campo unificado, ese océano de amor que somos.

Por último decir, que meditar en el siglo XXI será un camino de unión entre la diferentes creencias. Al fin y al cabo todos hablamos de lo mismo con diferentes nombres. Los nombres de los diferentes dioses de todas las religiones, la espiritualidad del agnóstico, o ese “no se que” que hasta el más ateo ha sentido alguna vez, solo son una única cosa: AMOR: Hacia el único sitio que todos caminamos, aunque desplegando diferentes dones y experiencias.

De ti depende, puedes dejarte marchitar o puedes abrirte a la vida con todo su increíble potencial y misterioso devenir. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s