MINDFULNESS Y MEDITACIÓN, REFLEXIÓN Y CONSCIENCIA

RESISTIRÉ vs ACEPTARÉ

UN CAMINO HACIA LA ACEPTACIÓN TRIUNFANTE

Rendición triunfante, decimos los practicantes de Yoga Tibetano, y sabemos muy bien que esta rendición o aceptación total, no está bien entendida en una sociedad occidental, que clama, como estamos viendo estos días por resistir.  Realmente, la canción del dúo dinámico tiene una musicalidad que anima, levanta el ánimo, une a las personas hacia un desenlace positivo y común. Sin embargo, la actitud de la resistencia contiene trampas psicológicas que fuerzan soluciones a base de enormes cargas de sufrimiento.

“Resistirse a lo que es”, es una posición ante la vida y las situaciones,  bastante común, que proporciona cierta sensación de  control. El “esto no va a poder conmigo o con nosotros”, o el “esto no puede ser”,  proporciona poder, pero  a su vez causa un desgaste importante, pues el foco de atención se centra principalmente en el problema que hay que resistir. En este caso que vivimos, centra la atención en la enfermedad, en la muerte, en el caos económico, en el miedo. Quien resiste, saca el coraje de la rabia hacia los hechos acontecidos para vislumbrar un futuro mejor, y aunque esto pueda proporcionar adrenalina para empoderarse y sacar fuerzas, somete a una lucha interior que nunca tiene fin, pues quien resiste, siempre encuentra algo para arremeter, lógicamente, porque realmente lo hay…

Me vais a permitir extenderme para explicar esto, y espero lo leáis hasta el final antes de sacar vuestras propias conclusiones, pues la aceptación no se entiende desde nuestra cultura occidental, por carecer de una visión que por desconocimiento no hemos tenido en cuenta. En mis clases, como en toda clase de mindfulness, dedicamos especial atención a este concepto, y todos los alumnos descubren con sorpresa el enorme valor de la aceptación, algo que nada tiene que ver con la pasividad, como algunas personas le presuponen a la aceptación.  Aceptar no es quedarse anonadado, también incluye hacer lo debido para mejorar, solucionar, colaborar, ayudar, facilitar, desarrollar y superar una situación como la que estamos viviendo en esta crisis del coronavirus.

La sabiduría oriental sabe que una de las mayores causas de sufrimiento es la “resistencia a lo que es”. Lo que ya está siendo se muestra ante nuestras narices, inevitablemente, pues sucede a tiempo presente, y algunas veces, esta realidad te mira como un monstruo desafiante, tal y como  hace el coronavirus, irrumpiendo en nuestras vidas y poniéndonos todo del revés.

De nada sirve, en este momento en el que te estampas con la realidad, negarte a ella. De nada sirve enfadarse, dejarse llevar por el miedo,  el catastrofismo,  las acusaciones,  el “esto no tenía que ser”, ¡pues ya está siendo!…Pero además, de nada sirve la actitud de resistir.  No sirve,  porque fijaros,  lo que ocurre cuando  resistimos:

  • Cuando resistimos nuestro cuerpo se contrae. Los músculos se tensan, el pecho se cierra y la respiración se vuelve superficial, la frente se arruga y la cabeza se tensiona bloqueando el raciocinio. Las palabras se bloquean, escupen agresividad o dan vueltas sin parar a mil catástrofes por llegar. Nos peleamos con el mundo por cualquier cosa, incluso la más insignificante. Compramos como si hubiese una guerra, y tantas otras cosas que estamos viendo estos días.

 

  • Sin embargo, cuando aceptamos, nuestro cuerpo se expande. El pecho se abre y la respiración fluye, la cabeza descansa soltando el estrés que causa la resistencia y abriéndose a lo desconocido con interés, se canta en los balcones, se comparte, se buscan soluciones desde la tranquilidad y amabilidad, se confía en la vida, la creatividad emerge… Y las soluciones se van sucediendo.

 

Intuyo lo que algunos estaréis pensando si habéis leído hasta aquí. Como en todo, hay excepciones y hechos inaceptables, al igual que no es un buen momento para practicar la aceptación si te está persiguiendo un león por la calle. En este caso, como es natural,  “resistirse a lo que es” y correr es mejor solución, no cabe duda, no somos idiotas; pero tarde o temprano, se tendrá que afrontar el miedo, aceptándolo, si se quiere volver a salir a la calle. Hay duras realidades inaceptables, pero la sanación pasa por rendirse al tremendo dolor sentido y tomar acciones para contribuir a la mejora de la situación con la mayor serenidad posible. Aceptar es “rendirse a lo que es”, porque ya está, pero no es quedarse de manos cruzados, no es “el todo vale”. Pero las acciones que se vayan a tomar son claramente diferentes cuando se realizan desde la resistencia o desde la aceptación.

Nos toca vivir tiempos difíciles, no cabe duda. Mas, si están aquí es porque tienen que estar, si no fuese así, no estarían. Nuestra imperfección, nuestra ignorancia humana y ambición causan dolor y sufrimiento inevitablemente. Pero podemos aprender, comprender cada vez más que la vida es esto, es cambio, es aprendizaje, es vivir crisis y superarlas, y también es disfrutar de muchos momentos que nos pasan desapercibidos cuando enfocamos la vida a resistir.

Las crisis que vemos como algo ajeno, también están en nuestro interior, siempre hay algo que observar dentro; aceptar es hacerse amigo de la situación y tratar de comprender nuestra parte de responsabilidad para realizar los cambios pertinentes.

A este respecto, mi hijo de 12 años demostró una sabiduría de la que muchas personas adultas carecemos.  Andaba estos días mostrándome preocupación por las noticias que poco a poco iba escuchando. Varias veces me habló dejando intuir el miedo a su propia muerte. Aproximadamente después de dos días de estas preocupaciones que le rondaban, vino a sentarse a mi lado y me dijo: – ¿Sabes mamá? Ya no tengo miedo a morir, porque me di cuenta que si muero,  es porque tengo que morir-.

Con la boca abierta me dejó, una verdad rotunda y clara, que le dejó asombrosamente tranquilo. ¿Y sabéis porqué? Porque aceptó que la vida es cambio y se abrió plenamente a este proceso de vida. En un principio su foco de atención era la muerte (resistencia), hasta que al aceptar, el foco de atención lo llevo a la confianza plena en la vida y de que las cosas al final, son como son. Lo que realmente experimentó fue una rendición o aceptación triunfante, dejó de enfocar la atención al miedo y se abrió a la confianza en que la vida no juega caprichosa con las personas, comprendiendo y aceptando que la hora de llegada para cada uno es inevitable.

Este es un claro ejemplo de la verdadera aceptación triunfante. Sin por supuesto, dejar de lado su responsabilidad,  para ocuparse haciendo todo lo posible para colaborar con esta causa o con cualquier otra, para evitar el daño propio o ajeno. Esto es aceptar.  Cuando se hace, el corazón se abre a la vida plenamente.

Espero que esto pueda ayudar a las personas que en estos momentos, o en muchos otros, estén sufriendo, porque rendirse al miedo o al sufrimiento proporciona una gran paz. Una paz nada pasiva, porque rendirse no es resignarse (resignarse es también resistir). La paz con la que se conecta cuando se alcanza la rendición triunfante proporciona una fuerza serena y equilibrada para tomar las acciones necesarias para superar las situaciones. En cambio, el resistir, y más cuando las situaciones son extremas, como ya empiezan a serlo en los hospitales,  nos llevarán al caos, al enfado, a la locura, al pánico, al sufrimiento extremo. De nada sirve arremeter contra todo y sembrar el pánico. Aceptación y acción consciente.

Y por último no puedo obviar las palabras del estribillo de esta apasionada canción del dúo dinámico. Así que voy a atreverme a proponer un cambio, espero algunos me perdonen, o al menos, no me acribillen.

El estribillo de la canción dice:

Resistiré, para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré.

Y lo cambiaría por:

Me rendiré, para triunfar viviendo.

Aprenderé que los reveses hay que aceptar

Y aunque los sueños se me rompan en pedazos

Los superaré y creceré.

 Gracias a todos los que habéis llegado al final de este texto, porque hoy en día  hasta a esto nos resistimos.

RESISTIRÉ VS ACEPTARÉ

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