REFLEXIÓN Y CONSCIENCIA

¿Que no existe el TDAH? Que me lo digan a mí…

¿Qué no existe el TDAH? Que me lo digan a mí…

Muchas veces lo he escuchado en conversaciones, pero da la casualidad que todas las personas que he visto opinar sobre la inexistencia del TDAH ni lo han padecido, ni han tenido hijos que lo padecieran.

¿Que todo se debe a la diversidad de personas en este mundo? Pues probablemente, no digo que no, pero lo que tengo claro es que las personas con dificultades importantes de atención, con o sin hiperactividad  e impulsividad (que por lo general, siempre hay algo asociado) tienen problemas añadidos muy importantes para desarrollarse saludablemente en los diferentes ámbitos de la vida.  Y si pasa desapercibido (como ocurre con las niñas, según estudios el déficit de atención pasa más desapercibido por tener actitudes menos inquietas) o no se le da importancia, los niños no serán ayudados adecuadamente con las tremendas consecuencias que esto puede acarrear.

Ojalá me lo hubieran diagnosticado cuando era niña (bueno no, porque me hubieran empastillado y eso tal vez hubiera sido peor) y me hubieran enseñado a respirar, me hubieran enseñado estrategias para organizarme, me hubieran puesto a practicar mindfulness, yoga y meditación. Me hubieran enseñado lo que es observar con apertura y  curiosidad…Me hubieran mostrado un mundo que yo no era capaz de ver, porque no miraba…ni veía…

ME HUBIERA AHORRADO TANTO SUFRIMIENTO………………………………….

En mi época nadie estaba preparado para diagnosticar esto. Los padres no sabían y para los maestros los despistados eran tontos que les exasperaban.  Y no es de extrañar, somos desquiciantes, siempre distraídos y sin enterarnos de nada.

A mí no me diagnosticaron TDAH y me convertí en una niña que “vivía en la luna”, siempre distraída, y que nunca sabía nada, porque de nada me enteraba. Por otro lado, parecía espabilada, porque de tonta no tenía un pelo, era alegre y habladora, y eso hacía que mi problema pasara más desapercibido. Me relacionaba bien en mi pequeño mundo nebuloso;  cantaba, bailaba, reía, hablaba…y saltaba, mi cabeza saltaba sin parar de un lado a otro, soñando y soñando… y siempre de forma bastante inmadura en relación a mi edad.

Nada sabía de historia, de geografía, de matemáticas, de lengua…, lo justo para ir aprobando malamente. Hasta que comenzaron los suspensos. Lógico, jamás atendía en clase, la cabeza se me iba sin parar a otros lugares…lejos del lugar en el que estaba. Y de vez en cuando, si que estaba, pero aturdida. Recuerdo mis dificultades para hacer problemas de matemáticas, pues cuando llegaba al final del enunciado ya estaba tan perdida que no sabía lo que me preguntaba. Estas y otras cuestiones que sucedieron hicieron que cuando estaba cursando 6º de EGB perdiera todo el interés en los estudios. Y además tuve que repetir curso…

Como era muy inmadura mentalmente para mi edad (algo también relacionado con el TDAH)  en lugar de centrarme en estudiar, me dedicaba a soñar con ídolos de adolescencia, amores y desamores…también pasaba mucho tiempo bailando y cantando, pero sobre todo soñando en mi mundo de adolescente distraída y atolondrada.

El fracaso escolar que se avecinaba era evidente, y muy lógico también un embarazo no deseado a los 16 años,  producto de una adolescente con una enorme impulsividad emocional. (Que curioso, impulsividad, otro de los trastornos del TDAH que no existe)

En fin, no voy a contaros toda mi vida, pero si a describiros algunos de los signos relacionados con el TDAH que viví, en la adulta que me convertí a continuación. Tareas que comenzaba y jamás acababa, problemas en las relaciones y varios cambios de pareja, des organización de vida, proyectos que me ilusionaban cuatro días, convertirme en una madre caótica y poco presente, siempre distraída en mi mundo, dificultad importante para seguir las conversaciones (aunque lo disimulaba muy bien),  comerme las uñas y los pellejos de los dedos de forma constante, comer en exceso, discusiones de pareja por la impulsividad incontrolable, muchos disgustos y meteduras de pata por no pararme a pensar un segundo…  Y voy a callarme algunas otras cosas…

¿Qué el TDAH no existe? Igual es que entonces soy tonta, porque nunca me entero de nada. Y es normal tener una cabeza que jamás está presente ni un solo segundo, y que cuando aterriza, por casualidad,  se siente atolondrada. Quizás es normal no poder callarte nada, pisar a otros cuando hablan sin poder remediarlo, sentirte perdido constantemente,  nervioso e inquieto desde que te levantas, con la sensación constante de que nada puede llenarte y satisfacerte, quizás sea normal cansarte de todo constantemente… Pues si todo esto descrito es normal, entonces el TDAH no existe.  Pero eso me da igual. Que exista o no, me da igual, lo que no me da igual es, que no existan recursos para ayudar a gestionar una vida con todas estas dificultades. Dificultades que a muchas personas les llevan a meterse en líos tremendos.

Y para ir acortando esta historia  voy a acabar dando las gracias. Dando las gracias en primer lugar a la meditación (curiosamente la meditación es un entrenamiento mental de la atención), con la que afortunadamente comencé a los 28 años. Dando gracias al mindfulness y al yoga tibetano, que continúan entrenando mi atención y desarrollando mi serenidad y manejo de las emociones. Estas prácticas me han salvado la vida. Gracias a estas prácticas salí adelante sin la ayuda profesional de ningún psicólogo ni terapeuta (no digo que no lo hubiera necesitado, pero por circunstancias jamás acudí a ninguno). Gracias a la Meditación conseguí reorientar mi vida, estudiar una carrera universitaria, desarrollarme personalmente y continuar un hermoso camino a través del Mindfulness y el Yoga Tibetano. Prácticas que ahora enseño llena de alegría a otras personas.

Continúo teniendo ciertas dificultades atencionales, y posiblemente me sigo embarcando en demasiadas actividades, estudios y proyectos de los que debería. No estoy todo lo presente que me gustaría estar, sobre todo para mis hijos. En ocasiones me desorganizo más de lo que desearía y puedo notar impulsividad en algunos momentos. Pero, nada que ver. He alcanzado un nivel de serenidad y paz bastante importante. Soy capaz de observar mis emociones adversas desde un lugar más sereno, con equilibrio y aprendiendo constantemente. Soy capaz de responder ante ellas de forma consciente  y no reaccionar de forma automática, al menos la mayor parte de las veces. Siento que mis ideas están bien organizadas, aunque  en algunos momentos note el estrés mental, que generalmente se redirigir para volver a conectar con la calma. He aprendido a aceptar mi insatisfacción, esa inquietud interior que busca  porque parece que le falta algo. La aceptación me ha ayudado a verla con naturalidad y transformarla en aprendizaje.

Sin duda le debo mucho a la MEDITACIÓN, AL MINDFULNESS Y AL YOGA TIBETANO. Y tengo claro que sin estas disciplinas hubiera acabado mal… irremediablemente.

Muchas de las personas con TDAH acaban cayendo en las drogas cuando llegan a la adolescencia. Hay que hacer algo, pero desde luego no empastillando a nadie. Tal vez, en algunos casos excepcionales se tenga que prescribir algún tratamiento farmacológico, no lo sé, pero… ¿seguro que no podría solucionarse de otra forma? Se necesitan programas que ayuden a estos niños y a sus padres.  Muchos de los niños con TDAH tienen algún padre con el mismo problema, algo que complica la situación para poder dar una respuesta adecuada, y que desde luego hay que tener en cuenta.

OJO: ser inquieto, soñador, despistado, rebelde, no es tener TDAH. Tener déficit de atención con o sin hiperactividad o impulsividad es mucho más que eso. Y estoy segura que ningún médico (evidentemente siempre puede haber alguna excepción, además de los enormes intereses económicos que se mueven) no diagnostican este trastorno a a ligera, como muchas veces se dice desde el desconocimiento. No se diagnostica TDAH a un niño porque sea muy inquieto, no tenga interés en los estudios o muestre llamadas de atención constantes. Hay muchos factores a tener en cuenta.

El TDAH, como cualquier otra etiqueta esta dentro de la diversidad funcional y humana. Las etiquetas deberían servir para ayudar a estructurar y así poder llegar mejor a las soluciones que cada uno necesita; pero  nunca para marcar a alguien como diferente o peor, pues todos con nuestras diferencias y similitudes formamos parte de esta enorme variedad personal y humana.

 

 

d

 

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