REFLEXIÓN Y CONSCIENCIA

LA GESTIÓN DE LAS EMOCIONES DIFÍCILES

Por lo general, cuando se tienen problemas con las emociones, lo que se hace es intentar controlarlas. Como consecuencia del control se genera estrés; una enorme tensión y bloqueo. Sería algo así como tragar algo que sabe muy mal y dejarlo en medio de la garganta, y además decirle ¡ni se te ocurra moverte de ahí! así te tendré bien vigilada. Es importante entender esto, pues se sigue pensando que lo que hay que hacer con las emociones es controlarlas.

Lo que hace la persona que aprende a controlar sus emociones es aprender a vivir con ese bocado en medio de su garganta y seguir añadiendo más y más bocados. Esta situación lógicamente genera un malestar continuo del que muchas veces ni siquiera se es consciente, pues se aprende a vivir así y a normalizarlo, pero genera en el interior de la persona emociones más fuertes como pueden ser ira, angustia, celos, miedo, etc.

Por ello, es importante soltar, liberar; la musculatura de la garganta debe soltarse para que el bocado fluya por el conducto y al final, el mal trago, pueda ser digerido.

Las emociones siempre quedan atascadas en algún lugar de nuestro cuerpo, puede ser en la garganta como en el caso del ejemplo, o puede ser en cualquier otro lugar. Todos hemos sentido en algún momento como una emoción queda atascada en el centro de nuestro pecho, o en el estómago, ocasionando incluso estreñimiento porque todo queda bloqueado por este control, o diarrea, ocasionada por el descontrol (el descontrol es consecuencia de la necesidad de control emocional). Hay muchos lugares del cuerpo, donde tarde o temprano, estos bloqueos, emociones atascadas controladas o descontroladas se acaban manifestando a través de dolencias o enfermedades físicas o psíquicas. Un ejemplo muy común del control de las emociones son las depresiones y los trastornos de ansiedad.

El control de las emociones está relacionado con el deseo de huir de ellas. Si queremos vivir en armonía con nuestro mundo emocional no queda más remedio que aprender a afrontarlas y soltarlas. ¿O a caso podemos aprender a soltarlas huyendo de ellas? Hemos visto que no, no queda más remedio que aprender a hacerles frente, es decir, mirarlas de frente, sentirlas, experimentar su malestar. Es por eso qué, en mindfulness buscamos el lugar del cuerpo donde más sentimos la emoción y vamos poco a poco desarrollando la atención y paciencia necesaria, a través de nuestra respiración, para quedarnos un rato ahí, observando lo que sentimos, permitiendo que la emoción se exprese a pesar del malestar y dejando que la propia respiración vaya soltando, relajando ese lugar para que la emoción fluya y esa parte física donde más se siente no se quede bloqueada, lo que hemos visto aumentaría el malestar.

Este proceso es diferente en la práctica para adultos y niños. Los adultos tienen capacidad para poco a poco ir sosteniendo (diferente a controlar) a través de la respiración ese malestar, aceptando la emoción (si no hay aceptación de una emoción no se puede soltar) y así poco a poco ir soltando y dejándola fluir. Con los niños esto no se puede hacer puesto que no tienen la capacidad de poder estar ahí un determinado tiempo necesario. Pero si necesitan ir familiarizándose poco a poco con el sentir las emociones de forma más directa e ir aprendiendo a respirar en ellas.

Con los niños hago una práctica en la que después de respirar un ratito en la parte del cuerpo donde se siente la emoción, (para que así vayan poco a poco desarrollando la capacidad de sostenerla, de afrontarla, de desarrollar la paciencia necesaria para estar ahí un minutito a pesar del malestar que puedan sentir) tienen que imaginar que son un globo que al inspirar por la nariz se hincha llenándose de todo el malestar que aún les quede, y soltando el aire por la boca imaginar como este globo se deshincha soltando todo el malestar interior. Esto lo repiten tres o cuatro veces para asegurarse de que se vaya todo el malestar restante.

Además debemos explicar a los niños que las emociones, incluso las que son muy desagradables, no son enemigas, sino todo lo contrario, son nuestras amigas, pues tratan de decirnos algo que debemos solucionar. Aprender a dejar fluir estas emociones y aprender de ellas nos hace crecer como personas. Por esto son importantes las prácticas diarias que los niños realizan con sus familiares, pues a través de estas meditaciones aprenden a aceptar las emociones, a desarrollar paciencia para sostenerlas un ratito y a desarrollar mayor confianza con el familiar que se realizan, necesaria también para que el niño comparta sus experiencias y poder ayudar, dando en colaboración con el niño la solución a sus conflictos.

Son prácticas sencillas muy necesarias para forjar cimientos fuertes desde donde desarrollarse en salud y armonía. Son las semillas de las que germinan la paciencia, la serenidad, el autoconocimiento y el amor por uno mismo, una saludable autoestima para el desarrollo personal del niño.

También quiero explicar por último, pues seguramente surgirá esta duda, que no hay que tener miedo a que las emociones se expresen por fuertes que estas sean, pues nuestro cuerpo es más sabio de lo que pensamos y no permite soltar ni liberar aquello para lo que no está preparado de forma súbita(*), pero sí lo hace poco a poco, de forma que se pueda ir liberando sin grandes problemas. Todo lo contrario, lo que se sentirá a pesar de las emociones es liberación. No obstante, por ello, por lo que implica, en casos de personas con emociones muy fuertes vividas, la práctica de mindfulness no debería realizarse sin la supervisión de un profesional que pueda orientar de forma segura a la persona para que pueda desarrollarse satisfactoriamente.

(*)Son muy raros los casos en los que una emoción muy fuerte se desbloquea de forma súbita. En este caso la persona estaría preparada para afrontar la emoción, pero si podría necesitar ayuda profesional para poder desarrollarse adecuadamente. Por ello, una persona con una vida emocional traumática no debería practicar mindfulness sin la supervisión de un profesional.

Espero que esto pueda serviros para entender un poco más el mundo emocional y lo que mindfulness puede hacer para ayudar.
RosaRio

Mindfulness para Niños, Mindfulness para Adultos, Yoga Tibetano y Meditación

 

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